El otro día descubrí que tengo un superpoder. Si me tiro un pedo y eructo al mismo tiempo, viajo en el tiempo. Todavía no lo controlo muy bien, pero me estoy perfeccionando. No sé para qué me puede servir, pero por el momento, para el blog me viene bárbaro, así les voy contanto cosas interesantes del futuro.
En mi primer viaje al futuro una de las cosas que más me llamó la atención fue que la Iglesia descubrió en el divorcio un nuevo negocio y los permiten (obvio).
Así como hoy tenemos el curro pre-matrimonial.. perdón… “curso”… en el futuro también existe el curro… perdón… curso pre-divorcio. Te explican cosas tan innecesarias como en el otro, así que no voy a ahondar en detalles.
Entré en una iglesia para ver como se desarrollaba un divorcio.
Como en un superclásico de fútbol, ambas familias tienen que llegar a la iglesia por calles diferentes y custodiadas por la policía.
Lo interesante es cómo preparan la iglesia para el mismo. Ponen un blindex que divide las filas de bancos, para que las familias no se arrojen cosas. Al principio usaban alambrados, pero igual la gente se escupía y quedaba feo.
Cuando empieza la ceremonia, el marido espera con su abogado (que reemplaza al padrino) a la mujer, que contrariamente a la tradición del casamiento de llegar tarde, siempre llega temprano.
Avanza por el centro de la iglesia hacia el altar (de su lado del blindex), y mientras su familia la aplaude, el otro lado el blindex se empaña por tanto insulto. Las únicas partes que no se empañan son aquellas que tienen saliva.
El tiene un smoking, el mismo del casamiento, pero ahora le queda grande por haberse cagado de hambre por lo mal cocinera que es ella, quién llega no con el clásico vestido blanco, sino con un conjunto Christian Dior que sacó a cuenta y pagará con el dinero que el ex le pasará para el alimento y educación de los hijos.
La mujer llega al altar, se miran alegremente, están viviendo el momento mas felíz de sus vidas y todo les importa un carajo, y el cura empieza con su sarta de huevadas que nadie escucha (yo tampoco, por eso no puedo contarles detalles).
- Fulanita DeTal… ¿acepta dejar de ser la mujer de Menganito Aurelio? – pregunta el cura.
- Si, acepto – Dice ella y se da vuelta para saludar a su mamá.
- Menganito Aurelio – prosigue el parroco – ¿acepta dejar de ser el esposo de Fulanita DeTal y dejar de ser dueño del auto, la casa, el plazo fijo en el banco, etc?
- Si, acepta – dice ella.
- Pueden sacarse los anillos.
Ella se lo saca a él y él se lo saca a ella y se lo da. Ambos se los queda ella, claro. Y justo que yo estaba pensando en cómo reemplazarían al “ahora puede besar a la novia”, el cura dice:
- Y ahora puede patear a la novia.
Le pregunté a un muchacho que tenía al lado por qué le dijo “novia” y me explicó que anulando el casamiento, se vuelve al estado anterior, es decir, el noviazgo. Sigo mirando, y Menganito dice:
- Tenemos que tomarnos un tiempo.
- Ok – dijo ella.
- Podemos irnos en paz, promociónsoloválidaporlospróximossietedíasluegotienenquevolveramisapormáspaz.




