Se acercaba el mundial de fútbol y el Vaticano no se quería quedar afuera, así que decidió formar una selección con los curas más habilidosos. No consiguieron… pero bueno, llamaron a los 20 más fieles y menos viejos que encontraron. El equipo formaba de la siguiente manera: Samuel en el arco; Abel en defensa; en el mediocampo Adriel, Rubén, Ezequiel y el padre Mario; y en la delantera estaban Caín, Ariel, Ciro, Darío y Eclesiastés. Sí, sí… la alineación era 1-3-5… o no tenían mucha idea de fútbol o se tenían una fe bárbara.
Ya en el Mundial, todos los equipos jugaban contra el Vaticano muy confiados en ganar, pero no sabían que los curas tenían un as bajo la manga… e increíblemente la Vaticano Selection INRI Futebol llegó a la final. El partido de la final: Inglaterra versus Vaticano Select… bla bla bla.
Salen a la cancha los equipos; Inglaterra de rojo, y el Vaticano de amarillo y blanco… horrible. Los curas se arrodillan en sus posiciones y se rezan un rosario mientras los brasileros los miran con cara de “los vamos a comer crudos”. Comienza el partido, saca Inglaterra pero la pelota hace un efecto raro y cae a los pies del padre Mario, éste tira al arco desde mitad de cancha y cuando el arquero brasilero la va a agarrar… se abre un pozo en el medio de la cancha, lo chupa y se cierra. Gol. Vaticano 1, Inglaterra 0. Entra el arquero suplente.

El equipo de fútbol femenino, integrado por las monjas más habilidosas que pudieron conseguir.
Transcurren 15 minutos del primer tiempo y tiene la pelota el inglés Rooney, empieza en la mitad de la cancha, da media vuelta y corre rápidamente hacia el arco contrario. Esquiva un cura, esquiva a otro cura, esquiva un pozo (la gente grita ¡Ole!), esquiva una Biblia, enfrenta a Samuel y también lo esquiva… ¡Genio! ¡Genio! ¡Ta ta ta ta, go…! ¡PUM! Cae un rayo del cielo que lo fulmina, desaparecen él y la pelota, solo queda humo flotando. El relator sorprendido grita: “¡Rayito cósmico! ¿De qué planeta viniste?”. La gente mira al cielo y está despejado, se escuchan murmullos: “¡Mierda! Que tiempo loco”. No entra ningún suplente en reemplazo del desaparecido Rooney, según palabras del entrenador “estaban todos cagadiños”.
Finaliza el primer tiempo. El partido va… 17 para el Vaticano, 0 para Inglaterra. En el vestuario, los curas se rezan: 20 padrenuestros, 15 aves marías, 2 aves de rapiña, 2 credos, y le dan a un Baron B con la excusa de que “es la sangre de Cristo”. En cambio, en el vestuario inglés los jugadores estaban re calientes, pero con miedo. En la mayoría de los goles se habían hecho los boludos para que no les pasara nada raro. Se escuchaban quejas: “Otra vez nos cagan con la mano de Dios, otra vez!!”, “Cheaters fucking cheaters, gays, all gays!”, etc.
Comienza el segundo tiempo, el público aburrido se encuentra totalmente en silencio, salvo una pequeña parte integrada por curas y monjas que, descontrolados, cantan: “Es la banda mas creyente, que te vino a alentar, sin pecado y sin violencia, el equipo va a ganar”. Tiene la pelota el goleador Eclesiastés, de taquito se la pasa a Darío, éste hace un cambio de frente de rabona, la agarra Caín que de media tijera se la pasa a Ariel, Ariel corre con la pelota en la cabeza unos veinte metros y la tira de chilena al centro del área, donde la espera Samuel (si, el arquero del Vaticano) que define de palomita. Gol. Los jugadores ingleses boquiabiertos, el público inglés en silencio. La “barra calma” del Vaticano enciende cirios y gritan: “Esta es la banda del Vaticano, esta bailando de la cabeza, se mueve para acá, se mueve para allá, esta es la banda más loca que hay”, “Que silencio, que silencio, los ingleses, se están yendo al infierno” y “Hay que leer un poco mas la Biblia, y todos juntos la vuelta vamo’ a dar”.

La "barra calma" del Vaticano, alentando.
El partido iba 37 a 0, obviamente ganaba el Vaticano. Y para colmo, el público cristiano cargaba a los ingleses. Los hooligans de Inglaterra se cansaron, coparon la tribuna de los curas y los cagaron a palos, les robaron las cruces que luego las usaron como navajas, y les robaron las biblias que las usaron a modo de piedras. La policía no intervino, Dios sí. De repente aparecieron todos los santos: San Mateo, San Lucas, San Juan, Salta, San Miguel, Sandía, etc. y comenzaron a correr a todos los barras ingleses usando la soga de las sotanas a modo de látigo y las aureolas de sus cabezas a modo de discos voladores asesinos.
El partido se suspende, y se lo da por ganado a la Vaticano Selection INRI Futebol. Les entregan la copa del mundo a los curas. La llenan de vino, sacan ostias, las ponen adentro, y la usan para comulgar. Dan la vuelta olímpica tambaleándose por el vino y el Baron B, y con una estatuilla de la Virgen adelante. Luego van a la mitad de la cancha y, revoleando las sotanas, cantan: “Dale campeón, dale campeón”.




